El Cuerpo Disociado

En ocasiones, más de las que me gustaría, la imagen personal aparece completamente disociada de cuerpo, la vestimenta, el vestir, la moda es consideradas de las cosas más efímeras de la humanidad. Las ciencias sociales estudian al hombre en sociedad, la psicología estudia el interior del hombre y la imagen es vista como esa cascara que esconde lo que hay adentro.

El capitalismo ha convertido al vestido, a la ropa en un bien de lujo, la semiología en un sistema de signos, y la psicología social en una intención. Pero ¿Cuándo fue que la separo el acto del vestir del cuerpo?

El ser humano tiene un cuerpo, y en todas las culturas es adornado de acuerdo a códigos sociales que tiene un significado cultural. Aun cuando el cuerpo este desnudo es “adornado” con un perfume, con un tatuaje, con una depilación, un aro, etc.

Podría decirse inclusive que el hecho de mostrar el cuerpo desnudo, actualmente, es visto hasta como un acto subversivo, puede verse el desagrado que causa en la comunidad cuando las movilizaciones a favor del aborto legal, llevan un pañuelo verde y van con el torso desnudo, no hay lugar a dudas que tiene un significado cultural.

Vestirse es un “hecho social” que requiere cierta habilidad, está entre aquello que queremos parecer, aquello que se quiere ocultar, aquello que nos gustaría ser; pero todo esto acontece en un contexto social, por ello el vestirse es el resultado de una practica social que necesita cierta atención al cuerpo y conocimiento de técnicas corporales, por ello esta practica que es tan intima como social se vuelve la presentación del yo en la vida cotidiana.

No es casual que los comentarios respecto al vestir sean típicamente adjetivos morales, como “impecable” “correcta”, de alguna forma, se quiera o no se quiera, te interese o no la imagen personal, el acto de vestirse se convierte en un punto de encuentro entre lo privado y lo público, entre el cuerpo y como se ve ese cuerpo.

La ropa es más que un bien de uso, pero no siempre fue así, en la antigüedad solo se pretendía cubrir el cuerpo por pudor o por frio, pero luego la vanidad de las sociedades, la habilidad del comerciante lo convirtió en un bien de lujo en un símbolo social. Quizá ahí radica el toque de frivolidad que se le ha dado a la vestimenta. ¿Sin embargo, es posible volver a pensar el cuerpo presente en el acto del vestir?

Siempre que nos vestimos, pensamos en ser aceptados, respetados, deseados por lo que de alguna forma el acto en si mismo le otorga identidad a ese cuerpo, el cuerpo se vuelve social cuando es vestido, y la desnudez es algo de la intimidad.

A muchas personas, les cuesta o les ha costado trabajo mirarse al espejo desnudos, el cuerpo desnudo adquiere una forma de crudeza frente a nosotros mismos y de vulnerabilidad frente a otros.

En el arte, el desnudo es cuidado, cuidado de qué, de la mirada del otro. Dado que aun el cuerpo desnudo, es influenciado en su mirada por la forma en que se lo viste.

El cuerpo vestido esta siempre expuesto a una condena social, si esta dentro de los códigos morales o si se sale de ellos, por ello la ropa es una herramienta con la que se aprende a vivir “en” el cuerpo.

“Las prendas forman demasiada parte de nosotros para que la mayoría nos sintamos totalmente indiferentes por su estado: es como si la tela fuera una extensión del cuerpo o incluso su espíritu” (Quentin Bell. 1976. Pág.19).

Texto: Natalia Torres / Fotografía: Javier Vicente

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